lunes, 27 de septiembre de 2010

Sobre el órgano electoral administrativo en Guerrero

En la edición del 26 de septiembre de 2010, EL SUR publicó la siguiente nota:
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El IEEG en camino a la desconfianza
Alberto López Rosas
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Es difícil que los que ejercen el poder de manera patrimonialista comprendan que la fortaleza de una sociedad se encuentra en sus instituciones, que los caudillos pretenden siempre sustituir a través de su fuerza y decisiones extralegales, por intimidación, cooptación o chantaje. Las sociedades que pretenden vivir en democracia repelen ese medio de conductas y se dan órganos dotados de autonomía, personalidad jurídica y facultades tan amplias como si se tratara de un cuarto poder, como se da en otros países, a fin de garantizar principios como el de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad, y objetividad.
Qué caso tendría que se constituyan organismos electorales, y funcionarios con atribuciones de autoridad, con patrimonio y presupuesto al servicio de los procesos electorales y que estos lejos de afrontar su compromiso social, permitan que la influencia de los hombres de poder, sustituya a un aparato de Estado en el cual se deposita la responsabilidad de conducir la voluntad popular a la certeza y legalidad.
La historia moderna del país y del estado de Guerrero se ha pretendido construir pasando por las instituciones electorales, la revolución democrática se pensó darse atreves del Instituto Federal Electoral con nuevo padrón y credencial de elector con fotografía, nuevas instituciones y servidores públicos especializados y de alta probidad, que infundieran respeto y confianza. La fuerza del poder de facto ha sido superior a ese empeño, poco ha avanzado la sociedad en ese renglón, lo volvemos a observar nuevamente, se ve el intento de secuestrar al Instituto.
En efecto, hoy presenciamos a un Instituto Electoral que antes de iniciar campaña ya parece claudicar a la tarea de lograr una elección, equitativa y creíble. La rectoría de la elección descansa en el Instituto, este no puede renunciar a su obligación de poner orden en un proceso que se le escapa y que de no reaccionar responsablemente ya no oportunamente, al ser tardía su respuesta, cargará bajo su responsabilidad, la inestabilidad que se produzca, ante la indolencia que se va observando.
No podría imaginar que el Ejecutivo federal apareciera, dándoles a los directivos del IFE, recursos materiales para la realización de sus encomiendas electorales como recientemente ocurrió en Guerrero, práctica obsoleta e innecesaria que aún se ve en los estados. El respeto a las formas son sinónimo de equilibrios, el Poder Ejecutivo nada tiene que hacer cerca del poder electoral, acercarse sólo genera suspicacias, más cuando éste se expresa públicamente contra de uno de los contendientes, rehuyendo el consejo electoral a enviar un extrañamiento o exhorto al gobernador para que se abstenga de emitir opiniones en torno a un partido político. No es prurito, es natural que tales expresiones incidan para bien o para mal ante la opinión pública de manera determinante, por el cargo que ocupa.
El Congreso del Estado es quien debe proveer de los recursos financieros, legales y materiales al órgano, hacerlo el Ejecutivo es una acción de exhibicionismo y un mensaje cifrado de decir o recordar quién manda. Guerrero y los guerrerenses no somos aldeanos, ni aspiramos a una elección aldeana. Se ha invertido demasiado en la profesionalización y en la creación de las instancias de elección como para que desde hoy se construya el espectro de las luchas poselectorales, sabemos las atribuciones de cada instancia de gobierno. Por lo mismo el Instituto Electoral debe desmarcarse de todo ente ajeno a su estructura y ajustarse plenamente al ejercicio de sus facultades. Resolver sobre las campañas anticipadas, al estar obligados constitucionalmente a preservar las garantías de equidad, principio que se quebranta ante esa inequidad manifiesta en propaganda abierta con fotografía, y a tutelar el principio de la legalidad que se rompe ante la violación permanente de la ley, por parte del Partido Revolucionario Institucional.
Es claro que si alguien fomenta el abstencionismo es la ausencia de credibilidad en el árbitro, nadie asistiría a ver un partido de futbol al conocer la tendencia favorita de quien habrá de arbitrar, al menos no lo haría con confianza. Que le entre a los recursos de impugnación su interposición refleja una inconformidad fundada o no debe de revisarse. No imagino a un cuerpo colegiado desechar demandas bajo el argumento de que se le distrae mucho menos que se renuncie a la aplicación de la norma legal, que depure el proceso y que se ajuste a los principios rectores que dará legitimidad al resultado del próximo 30 de enero. Ser autoridad electoral tiene un alto compromiso social, en sus manos descansa la paz de una sociedad y la legitimidad de las instituciones.
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